14 de diciembre de 2012

Nuestros maestros: los hijos.




Nuestros maestros: los hijos.

Sin importar si los engendraste, los gestaste, los criaste, los adoptaste o simplemente "te tocó" acompañarlos en su crecimiento y desarrollo integral, los hijos son una bendición, un compromiso, una gran responsabilidad y una maravillosa oportunidad de crecer y desarrollarte emocional, intelectual y espiritualmente.

Si no, ¿Cómo hacerle para educarlos amorosamente cuando estás enojado con ellos y te dan ganas de “ahorcarlos”? ¿Cómo hacerle para no tirar una toalla que de ninguna manera puedes tirar?

Sin duda se requiere inteligencia, sensibilidad, un buen control de tus emociones e idealmente, un profundo conocimiento de ti mismo, y por supuesto una buena memoria (nunca está de más ponerte en sus zapatos), para recordar tus vivencias a su edad y poder entender sus inquietudes y tener claridad en los límites que requieren.

Parte de nuestro trabajo en su educación y formación es amarlos profundamente, abrazarlos y consentirlos, escucharlos y dialogar con ellos, así como señalarles lineamientos que sean firmes pero flexibles, poner límites claros, aprender a negociar con ellos, conocer y hablarles de sus virtudes, sus habilidades y sus cualidades, más que de sus defectos.

Aunque la tarea no es fácil y más bien es de constantes retos, son muchas las razones que tenemos para agradecer a estos maestros por su presencia en nuestra vida.

Luis Felipe Maza

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