3 de julio de 2012

Un método alternativo para sanar el cuerpo y el alma.




Por: Elda Salvador León





En recientes fechas hemos tenido la oportunidad de vivenciar métodos de sanación alternativa, que revolucionan la forma de ser y de pensar de muchos de los médicos y psicólogos de la actualidad. Estos métodos alternativos, han podido rescatar parte del conocimiento de nuestros ancestros sobre la forma de curar integralmente, no sólo el cuerpo físico, sino también el alma de las personas.




Si bien es cierto que muchas de estas técnicas han sido utilizadas por nuestros abuelos y abuelas en sus pueblos y han pasado de boca en boca por generaciones, otras tantas fueron apagándose y comienzan a encontrar la luz en las formas novedosas y modernas en la que la actualidad nos tiene sumergidos; el caso de las rosas es una de ellas.




Si partimos de que las enfermedades son una manifestación del desequilibrio de los niveles de energía de los diferentes cuerpos que conforman nuestro ser (físico, mental, emocional, energético, etérico, etc), la terapia de sanación con rosas nos ayuda a reestablecer el equilibrio energético del cuerpo físico, mental y emocional, lo cual se traduce en eliminar o disminuir los malestares de carácter físico, nos ayuda a darnos cuenta de nuestras emociones y a entender porque estamos atrapados en ellas, así como a transformar parte de nuestros paradigmas para llegar a un estado más equilibrado.




El trabajo que realiza la energía de las rosas durante una sesión, es difícil de explicar con palabras. Desde mi propia vivencia como paciente y sanadora con Rosas, una de las características que he encontrado en los tratamientos, es el estado de quietud, tranquilidad y amor en la que uno queda envuelto al finalizar una sesión, sensaciones que nos ayudan a entender o visualizar de una forma diferente las situaciones de nuestra vida, que nos permiten avanzar en los propios procesos ya fortalecidos para enfrentar nuestros temores y miedos, o para dejar atrás las ataduras emocionales que nosotros mismos hemos creado y entretejido en nuestra cabecita, o simplemente dejarnos en un estado de paz y tranquilidad que nos permita no sentir dolor, intranquilidad, ansiedad y dar un tiempo para que las terapias adicionales que llevamos puedan sembrarse en campo fértil.




Las situaciones que se pueden trabajar con Rosas van desde afecciones como gripas, trastornos menstruales, cáncer en diferentes etapas, hasta adicciones y muchas otras enfermedades degenerativas y crónicas. En el caso particular de las enfermedades crónicas degenerativas como es el cáncer, las adicciones, el Parkinson, etc., la terapia con Rosas ayuda en primera instancia, a eliminar el dolor físico derivado del estado degenerativo de los diferentes órganos del cuerpo físico, así como de las emociones de dolor, frustración, devaluación, enojo, ansiedad, etc., que un paciente en estas condiciones manifiesta, ya sea verbal o no verbalmente, ese dolor sofocante que no nos deja estar en paz y nos lleva a hacer cosas en contra de nosotros mismos y de los otros.




En un segundo momento, nos ayuda en la transformación y entendimiento de las vivencias que han contribuido a producir estas enfermedades en nosotros y más adelante en la restitución de la memoria celular y energética de un estado de salud y armonía de nuestro cuerpo y como consecuencia una relación más cordial con el medio en el que vivimos, o sea la sanación del cuerpo y del alma. Aun cuando la terapia con Rosas es profunda y fuerte, la disposición del paciente es de vital importancia (como en todos los casos de sanación) para lograr este equilibro, mismo que surge de poner en su lugar emociones, vivencias, reconocerse y aceptarse para poder fluir acorde a la energía y vibración de la madre tierra, elemento fundamental que nos ayuda a anclarnos en el aquí y en el ahora, con amor y aceptación de quienes somos nosotros mismos y cual es nuestro lugar en el mundo.




"Debajo de cualquier crisis está la divinidad operando cambios" LFM


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